Hace más de 2.000 años los celtas festejaban el fin del verano con Samhain, su día de Año Nuevo (en irlandes antiguo Samain significa en efecto "fin del verano"). Al anochecer todos los fuegos domésticos eran apagados esperando que la muerte no llamara a sus puertas, las casas permanecían frías y oscuras y sus dueños vestían en modo fúnebre para evitar la atención de los espíritus que volvían a caminar sobre la tierra. Los celtas no temían a sus propios muertos y dejaban para ellos alimento sobre la mesa en signo de acogida para cuando visitaran a los vivos. Además de no temer a los espíritus de sus difuntos, no creían en los demonios pero sí en las hadas y los duendes, ambas criaturas consideradas peligrosas: las primeras por un supuesto resentimiento hacia los seres humanos; los segundos por las extremas diferencias que existían precisamente con respecto al hombre.
Según la leyenda, en la noche de Samhain éstos seres estaban acostumbrados a hacer bromas hasta peligrosas a los hombres y ésto ha llevado al origen y al perpetuarse de muchas otras historias terroríficas. Se enlaza tal vez a esto la tradición actual por la cual los niños, disfrazados de brujas, zombies, fantasmas y vampiros, llaman a las puertas gritando con tono amenazador: " Truco o trato? (en inglés "Trick-or-treat"). Para alejar la mala suerte, además, es necesario golpear a 13 puertas diferentes.
Al conquistar los romanos el territorio que en Europa ocupaban los celtas (entre ellos nuestra región cárnica y también parte de las islas británicas) adoptaron parte de las celebraciones célticas e incorporaron en su propio calendario el particular festejo del fin de año céltico: Samhain fue asimilado a la equivalente celebración de Pomona (diosa romana de la floración de las plantas), fin del verano y tiempo de las cosechas, o sea el comienzo de un año nuevo.
El Cristianismo intentó eliminar la antigua festividad pagana dandole una connotación diversa (integrándola o demonizándola). El Papa Bonifacio IV instituyó la fiesta de Todos los Santos; en tal festividad, instituida el 13 de mayo de 610 que se celebraba cada año, eran honrados los cristianos muertos en el nombre de la Fe. Por más de dos siglos las dos festividades se celebraron de este modo, hasta que el Papa Gregorio III (731-741) hizo coincidir las fechas.
Según otras fuentes, fue en cambio San Odilon de Cluny quien en 1048 decidió desplazar la celebración católica al principio de noviembre para destronar el culto de Samhain, todavía muy popular. Ese año la festividad de Todos los Santos fue desplazada del 13 de mayo al 1° de noviembre para dar a los cristianos la oportunidad de recordar todos los santos y el día después a todos los cristianos difuntos (Conmemoración de los Fieles Difuntos).
En los países de lengua inglesa la fiesta se llamó Hallowma|, que significa “misa en honor de los santos"; la vigilia se llamo All Hallows Eve (vigilia de todos los santos), cuyo nombre progresivamente derivó en Halloween. De 1630 a 1640 hubo una recrudescencia del prohibicionismo, cuando la iglesia Católica trató de suprimir toda tradición de tipo pagano que hubiera permanecido ligada a Todos los Santos y a su vigilia.
Hacia el año 1845, Irlanda experimentó su peor crisis económica y social, en lo que se sería llamado más tarde "La grande hambruna negra irlandesa". Millones de irlandeses emigraron a otros países en busca de trabajo, siendo los EE.UU. de America uno de los principales destinos de los desterrados. Los irlandeses llevaron con ellos sus tradiciones y así fue como All Hallows Eve se convirtió en Halloween. Con la intervención norte americana, la celebración tomó un aspecto mucho más pintoresco (y también comercial).
Una mención especial merece otra celebración americana, tan antigua o más aún que la céltica que también rinde culto a sus muertos y se desarrolla (nuevamente de través la intervención eclesiástica) durante estos mismos días: el día de los muertos, cuyo origen se remonta a las civilizaciones pre-colombinas y hoy día se celebra en Méjico y otros países centroamericanos.
Mientras tanto, es irónico observar como la celebración de Halloween revive en varios paises de Europa la noche del 31 de octubre. A pesar de su origen tenebroso, tal lo más curioso de esta celebración no es su carácter lúgubre, sino la mezcla de peculiaridades culturales que hoy día aglutina en una sola fecha las tradiciones de varios pueblos.
Vaya esta sucinta descripción histórica para destruir la creencia de quienes piensan que con esta fiesta no tenemos nada que ver.
Fuente: Nuova Emigrazione